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A Nombre: Rumbo Propio
ARTICULOS DE NESTOR SUÁREZ
La Nueva Oposición
Nestor Suárez
Hay dos oposiciones: la Vieja y la Nueva. La Vieja es la identificada con el “escualidismo” y el mero antichavismo. Es la Coordinadora, siempre reeditada. Son los medios de comunicación privados, casi todos. Es el pasado: la “guanábana”. Y el golpe de Abril, el paro, la guarimba, Plaza Altamira, la lloradera ante el Centro Carter y la OEA. Su mayoría socialista la niega a abrirse a la globalización y al libre mercado. Por eso ha fracasado en sus intentos de quitar a Chávez por casi todos los medios excepto uno: responder a su desafío ideológico.
Nosotros somos la Nueva Oposición. Respondemos al desafío ideológico que el Presidente ha lanzado: el socialismo. Somos -por ahora- cuatro grupos: Resistencia Civil, Democracia Liberal, y la Fundación Libertas, liderados respectivamente por Domingo Alberto Rangel h., Marco Polesel y Julio Camino, en Caracas, y con presencia en la región; y Rumbo Propio, en el Zulia. Nos coordinamos en la Conferencia Liberal. Y entre la Vieja y la Nueva Oposición hay una enorme distancia ideológica, que no la hay entre la Vieja y el oficialismo (y por eso los saltos de talanquera son tan fáciles y frecuentes).
La Nueva Oposición:
1) Es Nueva. Tenemos un nuevo Programa, a favor de crear riqueza mediante el libre mercado, el Gobierno limitado, y las instituciones privadas separadas del Estado. Y estamos más en contra del socialismo que del chavismo, consecuencia de décadas de fracasos en los gobiernos puntofijistas a base de socialismo "democrático”, Economía mixta, “centrismo” y Tercera Vía, las fórmulas gastadas de la Vieja Oposición.
2) Es racional y persuasiva, no puramente visceral, ni agraviante. Queremos comunicar y convencer, no ofender. Para ser respetados, respetamos a todas las personas; aunque no a todas las ideas: somos intransigentes en los principios, aunque amplios y flexibles en todo lo demás. La Nueva Oposición es ideológica y doctrinaria, no meramente electoralista. También aspira a la unidad opositora, pero en base a principios y programas, no a candidaturas y personas.
3) No es puramente negativa o "anti" sino positiva, en pro del bienestar y prosperidad para todos. Por eso su vocación es popular aunque no populista. Al la gente no le gustan las posiciones puramente anti, y en eso tiene razón. Reconocemos que Chávez conecta con la gente porque va en pro de algo: el socialismo, aunque es algo equivocado.
4) No es puramente política, y no se obsesiona ni desvela con los problemas de los políticos -elecciones, CNE, captahuellas, candidaturas- sino con los problemas de la gente: desempleo, pobreza, desastrosa educación, falta de medicina y de Obras Públicas. La gente no come elecciones, ni democracia, ni discursos y acuerdos políticos o candidatos “unitarios”. Chávez conecta con la gente también porque en las Misiones brinda a las personas unos tristes paliativos a sus angustias, pero tocando sus problemas reales.
5) No es de izquierda ni de centro, ya que la izquierda se define por el socialismo y en contra del libre mercado, y el "centro" elude definirse. Tampoco es "políticamente correcta", ya que no va en favor del eco-femi-indigenismo a la moda en los partidos y las ONGs, sino de los viejos valores occidentales y cristianos: familia, propiedad privada, y Gobierno como garante de la seguridad y la justicia. Y el buen orden social y político, y la cooperación y armonía -no lucha ni odio- entre personas y empresas, clases sociales, partidos políticos, Iglesias, razas y naciones.
Y visto lo cual, si nos llaman "de derecha" no nos acomplejamos, ni nos ofendemos o rasgamos las vestiduras. La clase política le teme a la palabra “derecha”, pero no así la gente corriente, que la asocia con la solución a un problema al que sí teme, y mucho: la criminalidad desbordada, ante el cual los políticos de izquierda no tienen respuesta, como no sea redoblar sus guardias personales. También la clase política teme a la palabra “capitalismo”, pero la buena gente corriente la asocia a la propiedad de un capital, aún pequeño, así sea un termo de café o un carrito de perrocalientes.