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ARTICULOS DE ALBERTO MANSUETI

Epílogo especial,
para la Segunda Edición Ampliad

NO HAY RECETA MAGICA

 

Alberto Mansueti

“Los Hijos de la Oscuridad son más astutos que los Hijos de la Luz” (Lucas 16:8)

Después de leer un libro como LA SALIDA, suele surgir la pregunta leniniana: “¿qué hacer?” Pues ofrecer la salida liberal, describirla y explicarla. Y formar cuadros, al tiempo que sembrar y desarrollar grupos, instituciones y partidos. No hay receta mágica.

La única receta “mágica” es el capitalismo liberal, solo sistema social diseñado para funcionar conforme a la naturaleza humana tal como es, y según las leyes de la oferta y la demanda, que lo son también de las cantidades y los precios, los recursos y las necesidades humanas, los incentivos y las conductas. Bajo este sistema tan sabio, no producto de mente humana, las gentes que persiguen sus propios intereses promueven el bienestar general sin desearlo ni saberlo, “como movidas por una mano invisible”. Hay desarrollo, prosperidad y bienestar, porque hay una “Mano Invisible”, no de humano Gobierno sino de Divina Providencia, como muy bien sabía Adam Smith. Si alguien quiere prueba de que hay Dios y es real, que estudie las leyes de la oferta y la demanda. Y que cómo estas leyes naturales compaginan perfectamente con la regla positiva de Gobierno limitado, que por esa razón es infinitamente más sabia que las reglas intervencionistas, como destaca la Biblia. (Deuteronomio 4:5-8).

Pero no hay receta mágica para llegar a ese sistema natural, desde la muy artificial situación actual. Para transitar a la sociedad de competencia libre y abierta desde nuestros sistemas productos de la “ingeniería social” intervencionista, dirigista, populista y estatista casi siempre de mercantilismo mezclado con socialismo. Hay que derogar las leyes antiliberales y recuperar las liberales. Y las instituciones. Y eso es mediante la acción política inteligente; no hay más remedio. A este fin lo que tenemos los liberales por delante son ciertas tareas, para ninguna de las cuales hay fórmula secreta (al menos que yo conozca):

 

I. ¿Qué hacer? No hay magia

1. Presentar beneficios. Convencer a la opinión de producir riqueza abundante, para todos, sin privilegios, creando empleo, con ingresos privados suficientes y de creciente poder adquisitivo. Sin depender del Estado, de los Gobiernos y las cambiantes e imprevisibles combinaciones políticas. Con el capitalismo liberal. Explicar que en el mercantilismo producimos riqueza para unos pocos, con privilegios para empresarios y grupos económicos, como ha sido siempre; y en el socialismo producimos pobreza para todos, con privilegios para grupos y facciones políticas, como es ahora. Contrastar los tres sistemas es esencial para una elección informada.

2. Comparar. Países más libres y menos libres. Mostrar los resultados de la libertad en casos históricos ejemplares como los de las naciones divididas del s. XX (Alemania, Corea, China, Cuba, etc.) Mostrar que el programa del liberalismo clásico es el mejor: Gobiernos limitados, mercados libres e instituciones privadas separadas del Estado. Capitalismo liberal, desconocido en Latinoamérica, y tan opuesto al mercantilismo como al socialismo, que es el peor de los tres sistemas, el más intervencionista y estatista.

3. Ofrecer soluciones. Formular propuestas concretas y específicas como la de los 11 derechos, del lado de la oferta de Programas Políticos. Resumidamente: A) Privatizar sin nichos monopolistas. B) Desregular, reemplazando regulaciones por leyes. C) Poner al Estado en su lugar, a cargo de sus funciones propias. Limitando a los Gobiernos, en fines, atribuciones, gastos y recursos. Resultados: reducir la pobreza y el desempleo, y crear riqueza acabando con el gasto fiscal desenfrenado, padre de la inflación, los impuestos excesivos y la deuda. Y terminar con la criminalidad desbordada, la mala educación, la medicina inaccesible, y las jubilaciones y pensiones risibles. ¿Y en la transición? D) Los cupones. Es esencial persuadir de que es la única salida realista, para tener prosperidad y bienestar generales en el corto plazo, con iguales derechos para todos, y con más y mejores oportunidades (no iguales) para todos.

4. Impulsar actividades políticas. Para abrir avenidas políticas al liberalismo clásico, y ensanchar oportunidades al capitalismo liberal. Con las víctimas del estatismo: desempleados, pobres, damnificados por el hampa. Y gentes obligadas a trabajar extensas y extenuantes jornadas para cobrar ingresos insuficientes, tragados por la fiscalidad exorbitante (el gasto estatal ilimitado, la inflación, los tributos y la deuda, y los sobreprecios, esos impuestos del sector privado privilegiado). En resumen, con todos los afectados y perjudicados por el estatismo, para que cobren conciencia de los daños, y de sus causas. Y de los remedios.

5. Reunir a los damnificados. Puede ser en partidos políticos. O también puede ser, conforme a las particularidades de cada sector y sin cambiar nuestros principios por los opuestos, en grupos de afectados particulares por las distintas clases de leyes antiliberales y demás políticas y medidas estatistas específicas. P. ej.: maltratados y abusados fiscales; empresarios extorsionados por las agencias gubernamentales; consumidores empobrecidos por la inflación, y perjudicados por los aranceles y otros privilegios que inflan los precios; comerciantes con mercados insuficientes por los magros ingresos de su clientela; trabajadores desempleados o subempleados por causa de las leyes salariales; familias sin vivienda por causa de los decretos inquilinarios; estudiantes sin futuro y graduados sin perspectivas, y enfermos o discapacitados sin atención y demás olvidados del welfarismo; madres trabajadoras con hijos desatendidos; sobrevivientes y siervos del hampa y víctimas de la criminalidad; y largo etcétera.

6. Explicar el liberalismo clásico. En artículos, charlas, seminarios y talleres hay que describir y explicar sus tres componentes: Economía austriana, Derechos Naturales, y realismo filosófico. Difundir sus principios y postulados en la opinión pública, para que la gente pueda hacer las conexiones mentales de los efectos buscados con los medios idóneos para producirlos, que son sus causas eficientes y suficientes. Es esencial evitar las confusiones tanto con el anarquismo de derechas por una parte, como por la otra con el “neo” liberalismo y la socialdemocracia “moderna”.

7. Hablar de valores, pero con cuidado. Los valores son claves, pero con leyes malas, ¿quién puede cultivar los valores buenos? Por otro lado, no cualquier valor es propio de gentes libres. El “trabajo duro” sirve a los animales y a los esclavos; y por eso la “ética del trabajo duro” de las religiones orientales produce Imperios opresores y esclavistas, y personas que trabajan duramente al servicio del Estado. La opuesta es la del trabajo productivo, vida de familia y Gobiernos limitados, que es la ética cristiana en general -o judeocristiana-, y no específicamente protestante como creía Max Weber.

8. Formar cuadros, tanto en materias de doctrina -Economía, Derecho y Filosofía- como de políticas aplicadas, caso de los 11 derechos. Y de historia mundial y local. Y con entrenamiento en las disciplinas propias del liderazgo, sobre todo comunicación, organización y administración.

9. Sembrar grupos. Nuevos grupos, organizaciones, instituciones y partidos liberales, capaces de sustituir a los que ahora se autodenominan liberales o pasan por tales, superando sus fallos y limitaciones. En cada país; en cada región de cada país; y a nivel internacional.

10. Desarrollar grupos. Que los nuevos grupos, organizaciones, instituciones y partidos liberales, sean:
A) 100 % liberales, y descontaminados por completo de intervencionismo, dirigismo, populismo, estatismo, mercantilismo y socialismo en su ideario, propuestas, métodos, estrategias o estilos.
B) Capaces de presentar positivamente el liberalismo clásico y el capitalismo liberal, y no sólo de criticar a las izquierdas y al socialismo, como lamentablemente es hasta ahora.
C) Eficaces y eficientes en el logro de resultados, sin prácticas burocráticas, como también lamentablemente es hasta ahora.

 

II. ¿Cómo hacerlo? Izquierdas y derechas comparadas

Conozco algunos comunistas y socialistas de buena fe -que los hay-, y me complace ser amigo personal de ellos, por encima de nuestras diferencias políticas. Una cosa es la política, y otra muy distinta la amistad personal.

En virtud de esas amistades personales, y desde Caracas, en 1988 me tocó la oportunidad de seguir muy de cerca la acción de las izquierdas en Chile y en el mundo, cuando el Plebiscito del 5 de Octubre, en su Campaña por el NO -contra Pinochet- a lo largo de todo ese año. Casi 7 y medio millones de personas fueron habilitadas para votar. Resultados: 56 % por el NO y 44 % por el SÍ; y el General se vio obligado a dimitir. Y yo aprendí algunas razones por las cuales las izquierdas -los comunistas y los socialistas, cristianos y no cristianos- ganan casi siempre sus batallas, aunque nosotros, la derecha, tengamos la razón, que la tenemos.

Más tarde, desde los ’90, tuve oportunidad de observar el comportamiento de grupos, organizaciones y fundaciones supuestamente encargadas de difundir el mensaje liberal a nivel internacional, y de apoyar esfuerzos liberales en diversos países. Entonces pude comparar y contrastar principios, conductas, programas, formas de pensar y de accionar, estilos, suposiciones, etc. Y enriquecer así las enseñanzas antes aprendidas. ¿Cuáles? Entre otras las siguientes, enunciadas de manera comparativa:

1. Dineros. Abrumadora es la disparidad de recursos, explicable por la simple diferencia en las fuentes de financiamiento, en principio estatales para las izquierdas, y por tanto prácticamente inagotables, y privadas para nuestro lado, y por tanto muy limitadas. El dinero para la lucha política proviene en última instancia de la economía privada; pero las izquierdas usan principalmente el que los contribuyentes de impuestos -domésticos o del exterior- son obligados a aportar por la fuerza. Sus oponentes en cambio dependemos siempre de contribuciones voluntarias, incluso por razones de principios. Pero desde la partida estamos en inferioridad de condiciones.

2. Profesionalismo. En parte por ese desequilibrio en los recursos, las filas de la izquierda se nutren de profesionales de tiempo completo en política, comunicación y propaganda, organización, etc., y las nuestras de aficionados a tiempo parcial. Y no se crea que un comunicador, publicista o estadístico de la empresa privada puede poner sus conocimientos y experiencia: la política es un arte muy específico y erizado de problemas y dificultades muy propias; y más aún, la de derechas. Vender un jabón o una gaseosa no es igual a vender una propuesta política; ¡y menos si es liberal!

3. Motivación. Pero hay más. Los beneficios del capitalismo liberal son generales y difusos, y por tanto sus potenciales beneficiarios son las gentes corrientes: trabajadores, amas de casa, estudiantes, informales, empresarios, etc., ocupados cada cual en su quehacer privado. No saben ni pueden hacer política; y menos a plena dedicación. Carecen de tiempo y recursos para aprenderla y ser entrenados. Para colmo casi todos están “alienados” por la propaganda mentirosa. Y por los “beneficios” del estatismo -leyes salariales, “proteccionismo” comercial, etc.- con sus pequeñas ganancias visibles y de corto plazo, y sus cuantiosas pérdidas y enormes ganancias cesantes a mediano y largo plazo, no obstante invisibles. Nuestros voluntarios, con su escaso conocimiento de los mecanismos de la gran estafa estatista, están débilmente motivados, y con recurrentes dudas sobre si es o no correcto nadar contra la corriente.

Hasta aquí las inferioridades son inevitables. Pero nos deberían obligar a ser muy eficientes con nuestros muy escasos recursos. Sin embargo en este otro terreno -el de la eficiencia-, lamentablemente, seguimos en inferioridad. Veamos.

4. Mayorías y minorías. Las izquierdas desde hace al menos 3 o 4 generaciones han penetrado cerebros y corazones con sus ideas y propuestas. ¿Quién hoy en día no cree que “el capitalismo es un sistema injusto”? (también y sobre todo en la clase media). Socialistas y comunistas gozan de amplio apoyo en la opinión prevaleciente; son mayoría los colectivistas en general, (comprendidos los estatistas de derecha o mercantilistas). La derecha liberal en cambio somos exigua minoría. En desventaja numérica.

Pero no obstante las izquierdas actúan como si fuesen minoría acosada, con su típica “mentalidad de sitio”, agudizando su inteligencia a fin de explotar al máximo sus ya muy abundantes recursos. Nosotros en cambio actuamos con ligereza, sin habilidad en el empleo de nuestros pocos fondos. Ellos, mayorías como si fuesen minorías; y nosotros, al revés. Tal vez porque confiamos demasiado en tener razón, en nuestros buenos argumentos y su fuerza de convicción. Confiamos en que la gente todavía razona; y lamentablemente esa es una suposición muchas veces falsa: si queremos que razone, tenemos que ayudarle, ¡y mucho!

5. Interpretación de mensajes. El más acusado ejemplo de ligereza: no somos conscientes de cómo la mayoría piensa -o no piensa-; y no consideramos el contexto de los mensajes y su decodificación popular. “Empresario” significa “rico”; y “socialismo” es “redistribución de la riqueza”. Todos los mensajes son decodificados en el contexto mental del receptor. “Capitalismo” es “explotación”. Y toda riqueza es mal habida.

6. Inmoralidad del sistema vigente. Pero hay algo peor. El mapa mental de los receptores de nuestros mensajes no siempre es equivocado. Nosotros rechazamos que ser rico es inmoral; pero nuestros mercados jamás fueron libres, la competencia entre nosotros no es abierta, y en nuestras Leyes y Tribunales nunca hubo derechos sino privilegios. Aquí no predomina el capitalismo liberal sino el mercantilismo, mechado con socialismo. Por ello un rico en Latinoamérica ES inmoral al menos en parte, hasta demuestre lo contrario, probando que su dinero ha salido de modo voluntario de los bolsillos de sus clientes o usuarios, en abierta competencia, lo cual no es muy frecuente (excepto tal vez en la economía informal). En nuestra América la explotación es real (aunque no del modo supuesto por el marxismo), y es cierto que toda riqueza es mal habida -y con frecuencia vinculada a una u otra forma de corrupción-; mas eso no es por el capitalismo liberal, ¡es porque no lo hay!

7. Política. Las izquierdas no se confunden: saben que sus batallas son políticas, no académicas. Más les interesa ganar que tener razón. Por eso huyen del debate intelectual, y quieren elecciones; contar votos en lugar de sopesar argumentos y juzgar evidencias. Y si pierden las elecciones -no con frecuencia, porque son hábiles- entonces empuñan las armas. ¡Y disparan! En las derechas en cambio, como tenemos razón, hay la tendencia a creer que la competencia entre sistemas económicos es una especie de torneo académico, universitario. La idea fundacional de la Sociedad Mont Pelerin en 1947, era que los voceros y representantes del socialismo reconocerían cual caballeros su derrota intelectual y científica ante la opinión pública, y sin necesidad de acción política de parte nuestra, nos cederían graciosamente sus cátedras docentes y sus curules en los Parlamentos y asientos en los Gabinetes ministeriales.

8. Uso del dinero. En las campañas de opinión masiva los recursos financieros suelen ser armas de igual o mayor potencia que los argumentos. Las izquierdas lo saben y por eso son muy cuidadosas de la efectividad de cada dólar invertido. Entre nosotros en cambio el dinero parece secundario, y no evaluamos resultados idóneamente. Las izquierdas emplean sus millonarios recursos como si fuesen escasos; y las derechas usan sus magras raciones como si fuesen inagotables. Las izquierdas, ricas como si fuesen pobres, ¿y nosotros? Al revés.

9. Amigos, neutrales y enemigos. Las izquierdas no reconocen como propios sino a los propios; las derechas en cambio dan reconocimiento a los neutrales como propios, y a los indiferentes, y así se enredan mucho y se equivocan en sus juicios políticos con personas, grupos e instituciones. Sabiamente exigente, la izquierda enseña su catecismo y toma examen de ingreso; y quien aprueba es admitido. Para la derecha en cambio todo ex militante desencantado o jubilado de la izquierda ya es un liberal, aún cuando no haya estudiado, entendido ni adoptado ni jota de liberalismo, y siga su cabeza llena de sus nociones de siempre (marxistas) sobre la riqueza y la economía.

10. Falta de humildad. En el campo de la izquierda los principios se discuten rara y excepcionalmente; e igual los programas políticos. Pero de resto, todo se discute, se revisa y se puede cambiar: estrategias, métodos, estilos, y desde luego hipótesis, juicios y conceptos de trabajo. ¿Y en la derecha? Es al revés. Se discuten harto las políticas y los principios: para qué el Estado si seguridad pueden ofrecer agencias privadas; por qué los cupones; hay derechos naturales o no hay; los precios de las privatizaciones … Pero poco se cuestionan las estrategias, los métodos o las suposiciones en que se basan. Hay demasiada arrogancia para revisar las decisiones, y muy especialmente los errores de juicio acerca de la competencia de las personas, de la eficacia de los medios, y de los resultados obtenidos en la asignación de recursos a programas, grupos e instituciones.

¿Ya entendimos por qué las izquierdas nos ganan por paliza? ¿Ya entendimos “cómo hacerlo” los liberales? Simple: al revés de como hasta ahora. ¿Qué más da? No tenemos nada que perder.

alberto@rumbopropio.org.ve

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